El
Global Labour Institute
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Desarrollo Social: Sindicatos y ONGs, una colaboración necesaria. Dan Gallin, Global Labour Institute
Introducción Este documento fue preparado para el Instituto de Investigación para el Desarrollo Social de las Naciones Unidas (UNRISD); forma parte de una investigación global llevada a cabo por el UNRISD en 1999 sobre las condiciones necesarias para el desarrollo social. Pretende analizar las cuestiones que surgen de las relaciones entre sindicatos y ONGs. Estas relaciones tienen una larga historia y son complejas; van desde una estrecha colaboración hasta relaciones más conflictivas. Cuando los sindicatos y las ONGs cooperan, su influencia conjunta sobre los acontecimientos políticos y sociales puede ser bastante fuerte. Cuando falla la cooperación, esto puede conllevar retrasos significativos en los planes de ambos. En consecuencia, el éxito o el fracaso de la cooperación sindicatos/ONGs afecta tanto a la dirección como a la velocidad del desarrollo social, o en términos más generales, afecta a como será la sociedad en las próximas décadas. Tanto los sindicatos, como las ONGs son actores de la sociedad civil. Cada uno de ellos tiene programas específicos para mejorar la sociedad. Los sindicatos siempre han mantenido la idea de que la defensa de los intereses de sus miembros, a largo plazo, requiere que trabajen por el bienestar de la gente y de la sociedad como conjunto (incluyendo conceptos tales como la democracia política y social, los derechos civiles y democráticos, la erradicación de la pobreza, la igualdad, el imperio de la ley). Es por ello que pueden legítimamente reivindicar que sirven a los intereses de la sociedad en general, como también lo hace las ONGs actuando con la intención de mejorar la condición humana. Hace casi 20 años, quien escribe sugirió que las alianzas entre sindicatos y ONGs deberían ser un elemento esencial en la estrategia sindical internacional para contrarrestar el creciente poder de las corporaciones transnacionales a escala mundial. Argumentaba que un programa social más amplio del movimiento obrero sólo podría realizarse mediante “la construcción de amplias coaliciones populares, con los sindicatos ocupando el lugar central pero agrupando a numerosos grupos civiles o movimientos populares que fuesen conscientes, cada uno desde su propio punto de vista, de la amenaza que el poder de las grandes corporaciones representa.”.[1] En los veinte años transcurridos, el poder de las multinacionales ha experimentado un crecimiento enorme. A través del proceso de globalización, el capital transnacional está en posición de eludir las obligaciones impuestas por la sociedad política, especialmente las del movimiento obrero y las de la izquierda política. Al capital ya no le interesa, como le interesaba en las tres décadas que siguieron a la guerra, contribuir económica y políticamente a un compromiso social, por el contrario, busca la hegemonía. Postula que sus propios objetivos constituyen el interés general de la sociedad, se ha rodeado de guardaespaldas ideológicos en las universidades y en los medios de comunicación, cada vez reclama más recursos públicos para perseguir sus propios intereses y combate cualquier oposición con implacable hostilidad. Es evidente que este contexto influenció positiva y negativamente sobre las relaciones sindicatos/ONGs. Las divisiones en la comunidad de ONGs se accentuaron entre aquellas que han considerado urgente la formación de alianzas con los sindicatos en torno a un programa alternativo común y aquellas que han intentado adaptarse al programa neoliberal (el llamado consenso de Washington[2]. La misma polarización entre resistencia y adaptación se puede observar en el movimiento sindical, aunque los sindicatos, por la obligación de rendir cuentas as sus afiliados ante quienes son directamente responsables, tienen menos capacidad de elección en lo que a estrategia se refiere. Por lo tanto, en la perspectiva del desarrollo social, es importante identificar áreas y temas en los que sindicatos y ONGs pueden colaborar, las condiciones en que esta colaboración es posible, los obstáculos a la misma, las áreas en que surgen conflictos de interés y la importancia de tales conflictos . Los sindicatos: de la reconstrucción en la posguerra a la globalización. Para comprender la situación actual se requiere echar la vista atrás para ver su origen, el final de la última guerra mundial, cuando el movimiento laboral organizado se reconstituyó tras la Europa ocupada por los nazis y en Japón. Superficialmente, las condiciones de reconstrucción parecían prometedoras. La clase patronal estaba en una posición débil en el ámbito político. Llevaba la carga de haber apoyado al fascismo, primero en Italia, Alemania y Austria, y luego en toda la Europa ocupada, salvo honorosas excepciones. El sentir político en aquella época era anticapitalista. En Francia se produjeron nacionalizaciones punitivas. Los Demócrata-Cristianos alemanes, en su primer congreso (Aalen) adoptaron lo que equivaldría a un programa socialista. La URSS, en el apogeo de su prestigio y con la mitad de Europa bajo su control, puede no haber sido socialista, pero en cualquier caso, era anticapitalista. En Japón, la patronal había apoyado la dictadura militar y la guerra, y las autoridades de la ocupación, como en Alemania, intentaron desmantelar los trusts. En los EEUU, poder hegemónico en el mundo de posguerra, el gobierno era todavía demócrata, pro laborista y seguía la política del New Deal. En GB, Attlee dirigía un gobierno laborista reformista. Fuera lo que fuera, el fascismo, sí que fue un gigantesco ejercicio de represión antisindical, y los sindicatos, en alianza con la izquierda re-emergente, participaban de la victoria aliada, mientras que la clase patronal en cualquier caso en la Europa continental y en Japón, había perdido la guerra. Por eso, los derechos sindicales, en el más amplio sentido, se dieron por sentados y se incorporaron a toda la legislación de posguerra. Pero el movimiento sindical que resurgió en estas condiciones, no era el movimiento anterior a la guerra. Se había visto despojado de sus líderes: al menos dos generaciones habían desaparecido en campos de concentración y en la guerra, o en el exilio, del que pocos volvieron. Los supervivientes pronto estuvieron exhaustos y sus sucesores carecían de preparación, de experiencia y de visión política. En Europa del Este, donde, con la excepción de Checoslovaquia, el movimiento sindical nunca fue fuerte, los social demócratas, los socialistas, los disidentes comunistas y otros cuadros independientes que sobrevivieron a la guerra, desaparecieron en las cárceles y en los campos de trabajo de la KGB. Los sindicatos fueron disueltos a la fuerza y remplazados por instituciones laborales estatales que usurparon el nombre de sindicatos. En Japón, surgieron dos tipos de sindicatos bajo la ocupación americana: los sucesores de las “patrióticas” organizaciones laborales de la dictadura, en general de ámbito de empresa y controladas por ella y, los verdaderos sindicatos (a menudo también de ámbito de empresa) dirigidos por socialistas y comunistas que salieron de la cárcel. La reconstrucción, financiada en gran medida por los EEUU (en Europa con el Plan Marshall), tuvo lugar, en consecuencia, sobre la base ideológica del pacto social, lo que en otros términos, significó intercambiar paz social por reconocimiento de los derechos laborales, y que las empresas aceptasen participar política y financieramente (mediante impuestos) en la construcción de un Estado de bienestar igualitario. Una vez que la oposición (los sindicatos comunistas en Francia e Italia y marginalmente, la izquierda radical) fue desarmada, este fue el modelo que prevalecería en los próximos 30 años. Esta reconstrucción también tuvo lugar en el contexto de la Guerra Fría. Contrariamente a lo que se asume con frecuencia, la Guerra Fría no fue la única, ni siquiera la principal razón de la división en 1947 de la Federación Sindical Mundial (FSM) que surgió al final de la guerra. La radical oposición política entre la social-demócracia y los comunistas, desde el ascenso del estalinismo a mediados de los años 20, bastaba para provocarla. La dura lección de la represión en marcha contra los sindicalistas socialistas y contra cualquier otro sindicalista independiente en los países bajo control de la URSS, confirmó y profundizó esta ruptura. Por supuesto, y como consta bien documentado, la CIA hizo su propia y destructiva aportación, pero sus efectos se sobrestimaron con frecuencia, tanto por partidarios como por opositores. No es necesario incluirnos en la interpretación policial de la historia, según la cual la historia la determinan las conspiraciones más que los movimientos de las fuerzas sociales. Permanece el hecho, de que durante los siguientes cuarenta años, o más, la vida política del movimiento sindical estuvo dominada por una falsa polémica: el de saber si el capitalismo, parcialmente gestionado por la social democracia, o el comunismo, en su vertiente estalinista, servían mejor a los intereses de los trabajadores. La inmensa maquinaria de la propaganda, movilizada para alinear al movimiento sindical a uno de los lados de la línea vertical que separaba a los dos bloques, consiguió con enorme éxito, ocultar la mucho más importante línea horizontal que dividía las clases sociales en ambos bloques. El final de la guerra fría coincidió con el fin del boom económico de la posguerra. El desempleo masivo empezó a aparecer en los países industrializados con la primera crisis del petróleo de 1974. El muro de Berlín cayó en 1989 y la URSS se disolvió en 1991. Entre el final de los 70’ y el final de los 80’, el movimiento sindical en los países industrializados, tras una impresionante fachada, continuó su declive, con una herencia política e ideológica diluida. Las prioridades se habían distorsionado durante la Guerra Fría; había poderosas organizaciones sindicales, pero sus dirigentes se limitaban a administrar las ganancias obtenidas en antiguas batallas, más que a organizar e iniciar nuevas luchas, generalmente sin cuestionar el diálogo social, privadas de imaginación política y con unas bases aleccionadas en la rutina burocrática y en la pasividad. La complacencia y la despolitización del movimiento obrero en el período de la posguerra, tuvieron un importante efecto colateral: el declive de las ONGs sindicales[3]. El movimiento obrero de preguerra, se basaba en asumir la responsabilidad sobre todas las principales cuestiones sociales y en que era su deber desarrollar una respuesta para cada una de ellas. Los aspectos específicos de la lucha general por un mundo mejor, eran generalmente asumidos por un bien organizado movimiento de masas socialista que se consideraba, no sólo como un partido político, sino como contra-cultura ante la sociedad existente y que creaba por sus medios los órganos e instituciones necesarias para hacerse cargo de cualquier gran tema social.[4] Generalmente esto incluiría, junto a partidos socialistas y sindicatos, las organizaciones de defensa de los derechos humanos, incluyendo los movimientos anticolonialistas, por la igualdad del género, defensa del consumidor (el movimiento cooperativista), salud y bienestar popular, vivienda, cultura, educación y actividades de ocio. En el mundo de posguerra, la mayoría de estas instituciones decayeron. En muchos países, o bien desaparecieron, o bien sobrevivieron reduciendo sus programas y sus objetivos mínimos. La pérdida de todo un estrato de cuadros ideológicamente comprometidos y formados contribuyó al declive de los partidos socialistas de masas que pasaron a ser máquinas electorales, perdiéndose toda amplia dimensión política en los sindicatos. Pero bajo este declinar, estaba también, el asumir que la responsabilidad de gestionar las grandes cuestiones sociales, que antes el movimiento obrero asumía como propia, se había convertido, en el contexto de posguerra, en una responsabilidad del Estado, que el movimiento obrero había ayudado a construir y en el que participaba activamente, y del que se sentía parte. El hecho de haberlo asumido, de dudoso valor incluso en los mejores tiempos, se hizo obviamente insostenible, cuando el propio Estado vio contestado, a partir de los 80’, su papel de garante de la justicia social y del bienestar y empezó a su vez a reducir sus propios compromisos, tanto si el gobierno era de izquierda o de derecha. Mientras tanto la retirada sindical de una amplia panoplia de cuestiones sociales, ha preparado, el terreno para que surjan grupos de activistas, sin vinculación histórica con el mundo del trabajo, que gradualmente han ido ocupando el vacío. En este sentido las ONGs contemporáneas puede considerarse, al menos en gran parte, como las hijas ilegítimas del movimiento obrero histórico. El proceso de globalización de la economía mundial que cogió impulso en los 80’, se encontró con un movimiento sindical, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, muy mal preparado. Los principales rasgos de la globalización (cambios revolucionarios en las tecnologías de la comunicación y del transporte, enorme desarrollo de la movilidad del capital y especialmente del capital financiero) no necesitan ser explicados aquí –a todos los observadores les resultan familiares. Es el aumento en el número, en el tamaño y en el poder de las transnacionales, que han sido al mismo tiempo, la punta de lanza y las principales beneficiarias de los cambios tecnológicos, lo que sustenta la globalización. Tan importante como la expansión geográfica de las multinacionales, ha sido el cambio en su estructura a causa de la subcontratación, lo que ha llevado a una reducción del núcleo de trabajadores estables en manufacturas y servicios, y la creciente precariedad de la production mediante una cascada de subcontratos que a menudo terminan en un trabajador autónomo trabajando en su propia casa.[5] En resumen, nos hallamos en una situación, en que las transnacionales han incrementado inmensamente su poder en dos décadas y en que la movilidad del capital está prácticamente fuera de todo control. Pocas multinacionales dependen en la actualidad de los mercados internos del país de que son originarias y, en consecuencia, no dependen ya de pactos consensuados con las fuerzas políticas y sociales, quienes por el contrario, siguen ancladas en el ámbito nacional. Una consecuencia política de esta emancipación es el declive del estado nacional, como actor económico. El Estado nacional ha decaído como empleador a causa de las privatizaciones, las cuales, no sólo han incrementado el poder de las transnacionales, pues adquieren bienes públicos, sino que además, han privado al estado de su capacidad de influir sobre las condiciones de trabajo. El Estado nacional también ha perdido peso como regulador de la política económica como resultado de los recientes acuerdos comerciales internacionales que reducen el ámbito de control democrático sobre las políticas sociales y económicas, transfiriendo autoridad desde los gobiernos e instituciones democráticamente responsables, hacia las transnacionales que sólo responden ante sus accionistas. Por último, la creciente incapacidad del Estado para controlar los flujos financieros internacionales, ha reducido su capacidad impositiva sobre el capital[6] y así se han reducido, a veces drásticamente, sus ingresos fiscales básicos para los servicios públicos y los programas sociales. El consenso social que depende de la capacidad del Estado para proteger a los más débiles, mediante la distribución de la producción social, se debilitó considerablemente. Incluso más peligroso, la incapacidad para controlar al capital dentro de las propias fronteras (por medios legislativos y otras medidas políticas), conlleva una enorme pérdida de influencia de las instituciones que operan dentro de las fronteras nacionales: las asambleas legislativas, los partidos políticos, las centrales sindicales: en otras palabras, todos los sistemas de control democrático allí donde previamente existían. El reflejo ideológico de esta evolución es lo que se ha denominado el “Consenso de Washington”: “un acto de fe, en que los mercados son eficientes, en que los estados son innecesarios, en que entre pobres y ricos no hay conflicto de intereses, de que las cosas mejoran cuando se las deja a su aire. Sostienen que la privatización y la desregulación, y los mercados de capital abiertos promueven el desarrollo, que los gobiernos deben procurar el equilibrio presupuestario y luchar contra la inflación y no hacer prácticamente nada más”[7]. Puesto que la mayoría de los gobiernos social demócratas apoyan, en distinto grado, esta postura[8], los sindicatos se han quedado con menos apoyo por parte de sus aliados políticos tradicionales y del Estado. Que se haya deshecho la alianza entre partidos social demócratas, laboristas y el movimiento sindical ha significado para los sindicatos la pérdida de sus tradicionales contactos y anclajes en la sociedad civil, y ha incrementado la influencia de las organizaciones empresariales sobre el Estado (independientemente del color del gobierno), ha significado que el Estado sea cada vez un adalid más débil y menos de fiar en la defensa de los derechos sociales, el bienestar y la seguridad, conseguidos tras largas luchas obreras en las décadas anteriores. Esto sucede cuando el movimiento sindical está haciendo frente a nuevos y grandes retos como consecuencia del surgimiento de un mercado laboral global, que es el más importante resultado en el ámbito social de la globalización. El mercado laboral global implica que, gracias a la movilidad del capital y a la fluidez de las comunicaciones, los trabajadores de todos los países, independientemente del grado de desarrollo industrial o de su sistema social, están compitiendo a la baja, con enormes diferencias salariales entre los distintos países y regiones, en todos los ámbitos de la economía. La competencia a la baja a escala global, ha puesto en marcha una espiral descendente de deterioro de los salarios y de las condiciones laborales por medio de la desregulación realizada en pro de la competitividad y de la informalización del trabajo. Pero mientras el tradicional núcleo de fuerza laboral se está reduciendo en los países industrializados, no hay un quid pro quo en términos de un desarrollo social y económico equivalente en los países subdesarrollados del “sur”, ni en los países en transición del “este”, dónde el paro sigue siendo un problema de masas y creciente, y donde los salarios permanecen en la mayoría de los casos por debajo del nivel de pobreza. Una de las razones ha sido la habilidad del capital transnacional para imponer sus propias condiciones sobre los estados nacionales, bajo la amenaza de irse a otro sitio si no se cumplían tales condiciones; otra de las razones a veces subestimada es la represión estatal, que mantiene las casi esclavistas condiciones de trabajo que imperan en la parte más baja de la escala (por ejemplo en muchas de las zonas francas, o en países como China, Vietnam o Indonesia). El principal punto a tener en cuenta, es que el mercado laboral global no es un “mercado” en absoluto: no está regulado por las leyes económicas sino por las leyes políticas. El Consenso de Washington, que pide a los estados que reduzcan sus funciones al mínimo, no dice nada de la intervención masiva del estado en forma de represión militar o policial, cuando ésta sirve a los intereses empresariales[9]. El descenso en la densidad sindical en el mundo ha sido puesto de manifiesto por distintos autores[10], aunque se ha sobreestimado. Por ejemplo, muchas estadísticas sobre afiliación sindical antes de 1989 incluyen los miembros de los llamados sindicatos del bloque soviético, que de hecho eran instituciones estatales que administraban la fuerza laboral. Su colapso no supone una pérdida para el movimiento obrero: es un avance, pues abre la vía para que surjan verdaderos sindicatos, por muy débiles que sean en la actualidad. Además es una tendencia con muchas excepciones: en países en que el contexto político ha sido favorable al movimiento obrero, los sindicatos mantienen su afiliación o incluso la incrementan (por ejemplo en el norte de Europa, en España, en Filipinas, Corea del Sur, Sudáfrica). En los principales países industrializados, sin embargo, la afiliación ha descendido, a veces dramáticamente. Este es el caso por ejemplo de los EEUU, Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón. Esto es en gran medida efecto de la globalización y de sus consecuencias arriba descritas: la disminución del empleo estable, a través del traslado de la producción, de la subcontratación y del incremento en la precariedad laboral, junto con el crecimiento del sector servicios, con poca tradición sindical y el crecimiento del sector informal en todas las partes del mundo. El hecho de que la estructura del movimiento sindical permanezca basada en el territorio del estado nacional no ha sido de ayuda para afrontar estos retos. Se debe, en parte, a la debilidad relativa de las organizaciones internacionales, que son federaciones de organisaziones nacionales, acostumbradas a pensar y a actuar en términos nacionales en un contexto global en el que las estructuras nacionales están perdiendo sentido. Algunas de las mayores ONGs que actúan en temas de medio ambiente (como Greenpeace) o en temas de derechos humanos (como Amnistía Internacional) han sido mucho más rápidas para hacer frente y adaptarse a las condiciones de una sociedad mundial globalizada. A finales de los 90´, el movimiento sindical sigue siendo el único movimiento universal y democráticamente organizado en el ámbito mundial[11] y que defiende implícita o explícitamente, el modelo de una sociedad organizada al servicio del bienestar común y que se basa en los valores de justicia social, igualdad y cooperación. Su apego a estos valores, así como su resistencia frente a la adversidad, proviene de sus afiliados. En las últimas décadas, se ha visto políticamente aislado y debilitado en su esencia. Necesita globalizarse para recuperar el terreno perdido y ser capaz de hacer frente a las transnacionales en su propio terreno. Tiene que organizar al sector informal y multiplicar y reforzar sus raíces en la sociedad civil e impulsar el modelo de un orden social alternativo como parte de un amplio movimiento popular para un cambio progresista (o, incluso, como fuerza líder de ese movimiento). Estas son las tres principales áreas en que debe avanzar el movimiento sindical para poder sacar adelante, de forma efectiva, una alternativa al Consenso de Washington. En cada una de estas áreas, no podrá avanzar sin cooperar con las ONGs adecuadas. El mundo de las ONGsToda la literatura sobre ONGs insiste sobre su elevado número y diversidad. De acuerdo con el Anuario de Organizaciones Internacionales, el número total de ONGs internacionalmente reconocidas está por encima de las 16.000[12]. En Gran Bretaña, se estima que hay más de 50.000 ONGs, de las cuáles, 17.500 son entidades benéficas establecidas al amparo de la ley británica. En Canadá, la red de ONGs del medio ambiente de Canadá, cuenta con 2.000 grupos afiliados. En Zimbabwe se estima que hay 800 ONGs. En Bangladesh, hay al menos 12.000 grupos locales que reciben ayuda financiera del gobierno central y local. En la India, una estimación calcula 100.000 ONGs, mientras que otra estima que hay 25.000 organizaciones de base registradas tan sólo en un Estado (Tamil Nadu). Kenia tiene 23.000 organizaciones de mujeres. Uganda tiene, más de 1.000 ONGs locales y más de 20 extranjeras. En Australia, más de la mitad de los servicios del bienestar del país, los prestan alrededor de 11.000 organizaciones de carácter benéfico, no lucrativas[13]. En 1997, había 1.356 organizaciones con estatus de consultivas en el Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC)[14] y en 1998, 892 “ONGs del desarrollo”, eran miembros de las plataformas nacionales de los 15 Estados miembro de la UE[15]. La dificultad de entender la complejidad del mundo de las ONGs lo ilustran los diferentes intentos de clasificarlas. Un estudio de la Commonwealth Fondation, clasifica 31 tipos de distintas formas de organización de ONGs, y no es una lista exhaustiva[16]. Las ONGs también pueden ser clasificadas por su grado de independencia o, por el contrario, por el grado en que son controladas por órganos externos (gobiernos, empresas, grupos políticos o mecenas); o por su función (los más típicos: desarrollo y ayuda humanitaria, derechos humanos, educación, mujeres, medio ambiente); por su situación geográfica: “Norte” y “Sur”. Finalmente, hay redes y federaciones internacionales de ONGs, así como grandes ONGs que actúan en el ámbito mundial con secciones nacionales en distintos países (la más típica: Amnistía Internacional). Un estudio realizado por la Conferencia General de SPIs[17], que resume las experiencias de los SPIs con las ONGs, establece 12 categorías y observa que “inevitablemente coinciden en determinados temas”[18]. Las posibilidades de cooperación entre sindicatos y ONGs, o los obstáculos para ello no dependen del tamaño, de la estructura o de la forma organizacional de la ONG, ni siquiera de su función: hay ONGs que trabajan sobre varios temas a la vez y a menudo se encuentran relacionadas entre ellas (es dificil promover el desarrollo durable sin ocuparse al mismo tiempo de los derechos humanos, de la education y de la igualdad). La cooperación entre sindicatos y ONG requiere la existencia de objetivos comunes, y ciertos requisitos relativos al sistema de actuación de ONGs y sindicatos (legitimación, transparencia, responsabilidad, gestión). En cualquier caso, recetas generales sobre las relaciones entre sindicatos y ONGs son difíciles de adoptar debido a su diversidad. Aunque los sindicatos comparten, en mayor medida que las ONGs, determinados patrones de conducta, no son en absoluto un todo homogéneo: existen diferencias obvias, debidas por ejemplo a sus tradiciones políticas u organizativas. La cooperación depende siempre de que tengan objetivos específicos en común y de la compatibilidad entre los planteamientos y el modus operandi de las organizaciones afectadas.
Objetivos comunes y cooperaciónLos sindicatos, aunque principalmente se ocupan de las condiciones de empleo y del lugar de trabajo, siempre tienen preocupaciones más amplias de tipo político y social que expresan mediante compromisos políticos, declaraciones y programas sobre una amplia gama de temas nacionales e internacionales. Esto incluye más específicamente: derechos humanos, desarrollo, educación, derechos de las mujeres e igualdad, protección del medio ambiente. Es en estos temas, en los que la cooperación entre sindicatos y ONGs se ha desarrollado más específicamente. Ejemplos de esta cooperación se describen en este capítulo. En algunas de estas cuestiones, los sindicatos han permitido que se produjese un vacío entre la teoría y la práctica, al centrarse en lo que consideran sus objetivos principales y dejando de lado, otros más amplios, que percibían como asuntos secundarios, o que eran competencia de otras instancias. Esto ha ocurrido, en parte, debido a su pérdida de capacidad y eficacia política, y en parte, por su percepción de que existía una división de tareas en el movimiento obrero, y que otras agencias especializadas debían ocuparse de temas específicos. Pero como vimos más arriba, estas agencias especializadas-ONGs obreras- han perdido gran parte de su capacidad de acción en defensa de sus objetivos durante la posguerra. Al mismo tiempo, los cambios en la sociedad originados por el impacto de la globalización, han supuesto un crecimiento explosivo del sector ONGs y ha llevado a las ONGs “de forma creciente a la arena de la gestión y el avance social”[19]. Todos los aspectos sociales y políticos que tradicionalmente eran áreas de actuación del movimiento obrero, sin excluir los temas básicamente sindicales como el empleo, las condiciones de trabajo y los niveles salariales, son ahora también, áreas de actuación de multitud de ONGs de ámbito local o internacional. Derechos humanos y derechos laboralesDebido a sus orígenes que se remontan a las revoluciones democráticas del siglo XIX, los sindicatos siempre se han identificado con la lucha por los derechos humanos. A parte de las razones históricas, los sindicatos, a diferencia de otros actores sociales importantes, tales como empresas o iglesias, no pueden funcionar en un contexto en que no se respeten los derechos humanos y democráticos, por ejemplo bajo una dictadura militar muy represiva o en estados policiales (excepto bajo la forma de grupos de cuadros en la clandestinidad o proto-sindicatos). Los sindicatos, como organizaciones clandestinas, cuando es necesario, y públicamente, siempre que sea posible, han estado siempre a la cabeza de la mayoría de las luchas por la democracia, también en la historia reciente (Ejemplos: España, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Sudáfrica, Brasil, Corea, China). Además, prácticamente todos los objetivos sindicales son, de hecho, temas de derechos humanos, empezando por el más básico: el derecho a existir. Las restricciones al derecho a crear sindicatos y a la huelga, que se incluye en el derecho a la negociación colectiva, constituyen violaciones a los derechos fundamentales recogidos en múltiples instrumentos de derechos humanos de la ONU y en los estándares laborales internacionales.[20] Por ello se ha producido una intensa cooperación entre sindicatos y ONGs de derechos humanos, especialmente en el ámbito internacional. Por ejemplo, la mayoría de los SPIs y la CIOSL, están trabajando con Amnistía Internacional (AI), bien sea esporádicamente, según los casos, o bien de forma continuada, en la defensa de los derechos de los trabajadores contra la represión estatal o para-estatal. La principal forma de colaboración es el intercambio de información sobre casos de violaciones de derechos humanos o sindicales. AI lleva a cabo intensas campañas de investigación de las denuncias de violación de derechos humanos. Este es un fundamento importante para la credibilidad de sus campañas y los SPIs, pueden tener acceso a los resultados de la investigación. A la inversa, la información facilitada por los SPIs, puede ser incluida en los procesos de verificación de AI y cuando afecta a sindicalistas, pueden convertirse en campañas de AI. AI desempeñó un importante papel de apoyo entre 1979 y 1985, en una campaña de la UITA[21] para proteger a un sindicato que representaba a los trabajadores de una planta embotelladora de Coca-Cola en franquicia de Guatemala, contra su extinción mediante el terror, incluyendo el asesinato de sus dirigentes[22]. La campaña se llevó a cabo en dos fases (1979/81 y 1984/85), y en su informe a los afiliados en la primera fase en 1981, el Secretario General de la UITA dijo “Fue extraordinariamente importante para el éxito de la campaña que la UITA haya colaborado con otras organizaciones, como grupos cristianos (ICCR [23], el American Friends Service Commitee) y Amnistía Internacional. Fue esta acción y comunicación coordinada, lo que incrementó la presión contra la empresa y facilitó la rápida información de lo que sucedía en Guatemala. Estos grupos facilitaron la mayoría de los contactos en el país y con los propios trabajadores de Coca-Cola. Gracias, en gran parte, a esta comunicación e información directa, la UITA fue capaz de movilizar rápidamente a sus afiliados ante cada acontecimiento”.[24] La cooperación entre los SPIs y las ONGs también se produce en determinados casos o violaciones de derechos humanos. La Federación Internacional de Periodistas (FIP), coopera con Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos en defensa de la libertad de prensa y de los periodistas. La UITA y la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF) están trabajando, con ONGs como ECPAT (End Child Prostitution in Asian Tourism, (Acabar con la Prostitución Infantil en el Turismo Asiático), en la industria del Turismo. La FITCM[25] ha cooperado con la Sociedad Antiesclavista, contra el trabajo forzado y con varias ONGs, contra el trabajo infantil. La Internacional de la Educación (IE) y sus afiliadas nacionales (sindicatos de enseñanza) trabajaron con ONGs en la marcha global contra el trabajo infantil y en la preparación de la Marcha Global de las Mujeres en marzo del 2000. En las dictaduras, en que los sindicatos afrontan altos niveles de represión estatal, o en que los sindicatos han sido forzados a la clandestinidad, han sido frecuentemente las ONGs, a menudo de carácter religiososo, las que han facilitado los medios para que los trabajadores se organizasen y pudiesen defenderse. Esto está pasando ahora en Indonesia (hasta el día de hoy), pasó en Corea (finales de los 80´), Filipinas (con Marcos), Polonia (el KOR, el Comité de Defensa de los trabajadores de 1976 a 1981), Sudáfrica (principios de los 70´). En Nigeria, bajo la reciente dictadura militar, la ICEM [26] trabajó con ONGs de defensa de los Derechos Humanos, haciendo campañas para liberar a los sindicalistas encarcelados. En la mayoría de estos casos, las ONGs y los trabajadores que pretendían crear sindicatos libres, tenían que enfrentarse no sólo a la represión estatal, sino también a centrales obreras nacionales al servicio del estado y controlados por éste. En los casos en que estos sindicatos “estatales” alcanzaron la afiliación a federaciones sindicales, consiguieron en algunos casos (Indonesia, Corea, Filipinas) debilitar y retardar la solidaridad del movimiento sindical internacional. Las alianzas ONG/sindicato, también han desempeñado un importante papel en la organización de los trabajadores en sectores de empleo o en regiones con bajos niveles de organización sindical. Es el caso de los trabajadores rurales y agrícolas (que constituyen la mayoría de toda la fuerza laboral). Por ejemplo la UITA es miembro de EUROBAN, una coalición de sindicatos y ONGs que trabajan el tema del mercado del plátano. La Federación Internacional de los trabajadores de las Industrias Textiles, Vestuarios y Cuero participa en la “Clean Clothes Campaign” (CCC), la coalición se inició en los Países Bajos en 1990, con el objetivo de mejorar las condiciones de trabajo en la industria de la confección en todo el mundo. Incluye sindicatos, organizaciones de consumidores, grupos de mujeres, organizaciones solidarias, organizaciones de desarrollo, tiendas del mundo y otras ONGs. Desde 1995, la CCC se ha ampliado a otros países europeos. Campañas similares, que colaboran con CCC, existen también en Australia, Canadá y los EE.UU. CCC se especializó en principio en Asia y, más recientemente, también está en actividad en África y en Europa Central y Oriental. Las organizaciones involucradas en las distintas CCC nacionales, son sindicatos y ONGs que tienen sus organizaciones asociadas en los países productores. CCC organiza apoyo para los trabajadores en situación de conflicto y tiene también un pequeño fondo de huelga. La campaña también pretende mejorar la situación de los trabajadores a domicilio y de la gente que trabaja en sweatshopsN d T.en Europa Occidental. Realiza trabajo de loby sobre los gobiernos instándoles a mejorar la legislación[27]. DesarrolloDebido a que son conscientes de la ineludible necesidad de proponer un programa político y social más amplio, los sindicatos de los países industrializados se han implicado en actividades de desarrollo, tanto en el ámbito nacional, como en el internacional. En la mayoría de los casos, estas actividades tienen como objetivo el desarrollo sindical a través de programas de educación y de organización. Se realizan a través de organizaciones sindicales internacionales (como SPIs) y generalmente, son financiados mediante fondos públicos de ayuda al desarrollo en los lugares en que las federaciones sindicales nacionales (o sus centros) tienen acceso a estos fondos (en la mayoría de Europa Occidental, en Canadá, en EE.UU. y en Japón). Algunos centros nacionales llevan a cabo esta actividad directamente desde sus departamentos de internacional (Ej.: LO Noruega, o la FNV holandesa), otros han creado sus propias agencias especializadas a este fin (Ej.: LO/TCO Council for International Cooperation de Suecia, la LO/FTF Comité de Dinamarca, SASK de Finlandia, ISCOD en España (UGT), el “American Center for International Labor Solidarity” (AFL/CIO) o la “Japan International Labour Foundation” (JILAF). Algunas de las mayores centrales sindicales, UNISON en Gran Bretaña, Sindicato General de Trabajadores Daneses (SID), Bondgenoten FNV en Holanda, llevan a cabo programas similares de forma bilateral. En algunos países de la UE, los sindicatos forman parte de las plataformas de ONGs para el desarrollo (Ej.: SID y Comité LO/FTF de Dinamarca, el sindicato de trabajadores del metal y el sindicato de trabajadores municipales en Finlandia, el Comité de los sindicatos de la Commonwealth en GB) [28]. En Canadá, 4 sindicatos han creado sus propias ONGs para desarrollar su labor en favor del desarrollo (que va desde ayuda humanitaria, a solidaridad sindical y actividades de defensa de derechos humanos). Son: el fondo para la justicia social de los trabajadores canadienses del automóvil (CAW), el fondo humanitario del Sindicato de trabajadores de las comunicaciones de la energía y del papel. (CEP), la ayuda sindical del sindicato canadiense de empleados públicos (CUPE) y el fondo humanitario de los trabajadores del acero. Además del hacerlas los sindicatos, las actividades de cooperación al desarrollo se realizan también por ONGs del movimiento obrero, algunas de las cuales tienen mayor actividad en el ámbito internacional y consideran una prioridad ayudar al movimiento sindical a bregar con los desafíos de la globalización. Las ONGs de desarrollo y servicios sociales, vinculadas a los partidos socialistas y al movimiento sindical, están, por ejemplo, organizadas internacionalmente a través de la red SOLIDAR (21 organizaciones de 15 países y una organización internacional también afiliada). SOLIDAR está llevando a cabo una campaña de presión junto con la CIOSL, ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre el tema “los derechos laborales son derechos humanos”. El objetivo es la inclusión de los derechos laborales básicos en los acuerdos comerciales internacionales (se denomina “la cláusula social”). El desarrollo de la campaña ante la OMC, ha puesto de manifiesto un aspecto conflictivo en las relaciones entre el movimiento obrero y algunas coaliciones de ONGs, como la Red para El Tercer Mundo, sacando a la luz, algunos de los mayores obstáculos de carácter político y cultural que deberán superarse. En Ginebra, se ha creado el Centro Internacional para el comercio y el desarrollo sostenibles (ICTSD), que pretende unir a las principales ONGs que trabajan sobre desarrollo y medio ambiente y que intentan tener influencia sobre la OMC. Los fondos provienen de Oxfam y de la fundación holandesa NOVIB, por Christian Aid, grupos eclesiásticos alemanes y americanos, fundaciones estadounidenses (Ford, MacArthur), la UE y agencias de ayuda de Dinamarca, Holanda, Suecia, Suiza y Gran Bretaña. Está abierto a la cooperación con los sindicatos y es probable que dicha colaboración se desarrolle especialmente con los SPIs. Las fundaciones políticas alemanas son un caso especial, pues se les atribuyen fondos públicos, en función del porcentaje de votos obtenidos en las elecciones legislativas nacionales, por los partidos políticos a los cuáles están vinculadas. La Social Demócrata Friedrich Ebert Stiftung, es la que más directamente está vinculada al movimiento sindical y desarrolla un amplio programa sindical de cooperación al desarrollo en el ámbito internacional, tanto bilateral como a través de los SPIs. Su homóloga demócrata-cristiana, la Konrad Adenauer Stiftung, también subvenciona programas sindicales, como también lo hacen algunas de las fundaciones más pequeñas. En Suecia, el Centro Internacional Olof Palme (OPIC) es una ONG vinculada al movimiento obrero, fundada en 1992 por el Partido Socialdemócrata, la central nacional (LO) y el movimiento cooperativista, “para coordinar, desarrollar y fortalecer los intereses del movimiento obrero e implicarse en cuestiones internacionales”. Ahora el OPIC, cuenta con 34 afiliadas que incluyen, organizaciones políticas, culturales, cooperativistas y sindicales. En resumen, el movimiento sindical, especialmente en los países más desarrollados, lleva a cabo amplias actividades de cooperación al desarrollo, tanto en el ámbito bilateral, como mediante sus organizaciones internacionales, centradas fundamentalmente en creación de instituciones: desarrollo sindical y asistencia a las organizaciones populares en los llamados países en desarrollo. Pese a su amplitud, estas actividades no implican por lo general contactos con ONGs no pertenecientes al movimiento obrero. En este ámbito los sindicatos han actuado ya sea, directamente o bien, con ONGs del movimiento obrero, en algunos casos creadas a este fin. El debate sobre políticas y estrategias para el desarrollo, tiene lugar fundamentalmente en el seno del movimiento obrero. Se han centrado en temas como, bilateralidad o multilateralidad (conectado con el tema de la responsabilidad) y la selección de prioridades [apoyo en el sentido de ayuda humanitaria o centrarse en la construcción de instituciones (organización) con el objetivo de cambiar las relaciones de poder en las sociedades]. Existen, sin embargo, algunos casos de cooperación con ONGs no vinculadas al movimiento obrero. Por ejemplo, muchas SPIs colaboran con Oxfam Internacional (OI), una coalición reciente que agrupa a las mayores ONGs nacionales para el desarrollo. Algunos SPIs, han colaborado con afiliadas nacionales como Oxfam GB y Novib de los Países Bajos. Durante la Cumbre del G-9 en Colonia, en junio 1999, la Internacional de la Educación (IE) y la OI, han trabajado juntas presionando para que se condone la deuda y se reconvierta en fondos para la educación. En la reunión anual del Banco Mundial y del FMI, que tendrá lugar en Washington en otoño de 1999, IE y OI, se centraron en el impacto de las políticas de ajuste estructural sobre la educación. IE, también trabaja con ActionAid, una ONG del desarrollo con sede en Gran Bretaña, en una campaña internacional para la mejora de la enseñanza pública. En veintiún países del sur y en cuatro países europeos, esta campaña está apoyada por grupos religiosos, organizaciones de derechos humanos, sindicatos de profesores, asociaciones de mujeres y ONGs de ámbito nacional e internacional[29] . No es frecuente que las ONGs organicen actividades con los sindicatos. Una iniciativa con éxito, fue la creación de la Confederación de Sindicatos de Hong Kong (HKCTU), la central obrera independiente de Hong Kong, que surgió de un proyecto de organización sindical entre la UITA y el Hong Kong Christian Industrial Commitee (HKCIC). El proyecto - financiado por la agencia para el desarrollo de los sindicatos suecos, el consejo para la cooperación internacional de la LO/TCO - empezó en 1983 y llevó a la creación en 1984, de la oficina de Educación de la UITA en Hong Kong, que posteriormente se convertiría en el Centro de Educación Sindical de Hong Kong (HKTUEC), una operación conjunta de la HKCIC y varios SPIs. Esto llevó a su vez, al establecimiento de la HKCTU, la confederación de los sindicatos de Hong Kong en agosto de 1990. La HKCTU tiene ahora aproximadamente 140.000 miembros y es la segunda central obrera más grande de Hong Kong. EducaciónTambién en el campo de la educación, los sindicatos han preferido en general trabajar por su propia cuenta, o con ONGs afines con el movimiento obrero. La organización internacional de ONGs para la formación sindical es la Federación Internacional de Asociaciones para la Educación de los Trabajadores (FIAET) (75 organizaciones, en 51 países y 6 organizaciones internacionales afiliadas) fue fundada en 1947. Sus afiliadas nacionales incluyen, ONGs especializadas en la formación y vinculadas a los partidos socialistas, sindicatos (generalmente a través de sus departamentos para la formación), instituciones educativas, equipos técnicos e institutos de investigación. Los afiliados internacionales son, SOLIDAR (la afiliación es recíproca porque FIAET, también es miembro de SOLIDAR), 4 SPIs y una institución para la educación de adultos regional de América Latina. En 1993, la FIAET revisó su programa para subrayar sus objetivos comunes con otras organizaciones del movimiento obrero[30]. En desarrollo de una resolución adoptada en su conferencia General de 1996 de “fortalecer la capacidad organizativa global del movimiento obrero”, la FIAET desarrolló el proyecto de Círculo de Estudios Internacionales (CEI), cuyo objetivo es facilitar la formación sindical sobre los temas relativos a la globalización. Un CEI consiste en reunir a grupos de participantes de varios países (grupos locales de estudio), conectados por Internet, que trabajan simultáneamente sobre un mismo currículo, un mismo método y los mismos materiales. Cada grupo nacional tiene un responsable. En los períodos entre reuniones, cada grupo tiene acceso a materiales en Internet, incluso a los resultados de los debates y de los trabajos hechos en reuniones anteriores o por otros países. En 1997 y 1998, se realizaron dos cursos piloto sobre multinacionales en los que participaron 12 países. En 1999, la FIAET desarrolló otros dos CEIs en asociación con la UITA y la Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas (FITIM), ambos sobre multinacionales específicas. El objetivo de los SPIs y de la FIAET es, que la red creada dentro de las empresas a través del CEI, y que conecta sindicatos locales en diferentes países, permanezca como estructura sindical internacional permanente tras el CEI y siga trabajando. En este sentido, el CEI ayuda “fortalecer la capacidad organizativa global del movimiento obrero” en el ámbito de las multinacionales. Por supuesto que los CEIs, como método, pueden ser utilizados por casi cualquier grupo que pretenda establecer redes internacionales, y de hecho, la FIAET ha iniciado un tercer CEI para mujeres sindicalistas de organizaciones locales y de ONGs, sobre la industria alimentaria global[31]. En el ámbito nacional, la cooperación es habitual entre la mayoría de los miembros no sindicales de la FIAET (instituciones educativas independientes pero ligadas al ámbito laboral) y los sindicatos. Esto puede adoptar la forma de prestación de servicios, por ejemplo LEARN de Filipinas, realiza cursos de formación para la central sindical “Alliance of Progressive Labour”(APL) y para algunos de sus miembros sindicalistas, o la forma de programas formativos y organizativos conjuntos, por ejemplo, la organización local de la ABF y los sindicatos suecos, realizan programas conjuntos en los Estados Bálticos y en Europa Central y Oriental. En algunos casos, agencias no sindicales, han apoyado a ONGs de servicios o de educación a los trabajadores (incluso a miembros de la FIAET) que estuvieron o inclusive que siguen estando en la oposición a los sindicatos oficiales de sus países. Esto sucede especialmente, cuando el movimiento sindical está dominado por el Estado, y las ONGs actúan como instrumentos para fomentar un movimiento obrero alternativo. Los casos de Indonesia, Corea y Filipinas, ya han sido mencionados. Un caso actual, es el apoyo dado por NOVIB (Holanda) al “Center for Trade Union and Workers’Services” de Egipto (afiliado a la FIAET). Este tipo de situación podría, en teoría, crear tensiones entre las ONGs que lo financian y los sindicatos. En la práctica, raramente se producen, excepto en el ámbito local del país afectado, porque la mayoría de las organizaciones sindicales internacionales y de los sindicatos en los países democráticos, sienten recelos ante los sindicatos oficialistas y tienden a apoyar a los alternativos. No parece que haya una amplia colaboración entre sindicatos y ONGs no sindicales en el ámbito de la educación. Sin embargo, esta colaboración existe en varios países entre sindicatos e instituciones académicas que desarrollan programas de formación laboral. En los EE.UU., tales programas en Harvard, Cornell, Yale, Rutgers, Michigan o UCLA, entre otros, están muy consolidados y apoyados por el movimiento sindical. Estos programas tienen una organización coordinadora en el ámbito nacional, la “University and College Labor Education Association”, (UCLEA), que está afiliada a la FIAET. Relaciones similares, entre las instituciones académicas y los sindicatos, existen en algunos países de Europa Occidental. Los derechos de las mujeres y los temas de igualdadLa relación entre sindicatos y el movimiento femenino ha sido compleja y contradictoria. Los sindicatos, desde sus orígenes, han defendido los derechos de las mujeres y muchas mujeres han sido dirigentes carismáticas en la historia del movimiento sindical (Flora Tristán Moscoso, activista en Francia y en Perú, fue la autora de la Union Ouvrière, un alegato pionero en pro de una unión general de trabajadores internacional; Louise Michel, fue dirigente de la Comuna de París; Clara Eissner Zetkin, fue dirigente del movimiento alemán de mujeres socialistas, y la primera Secretaria General de la FITTVC; María Jones, “Mother Jones”, fue una legendaria organizadora de los mineros americanos y fundadora de la IWW [32]; Federica Montseny, fue dirigente de la CNT[33] durante la Guerra Civil y en el exilio; Marie Nielse fue profesora y dirigente de la izquierda danesa antes de la Segunda Guerra Mundial; Margarethe Faas, fue Secretaria y activista de la Confederación Suiza de Sindicatos, y editora de “L’Exploitée/ Die Vorkämpferin” en la primera década de este siglo, por nombrar sólo algunas). Al mismo tiempo, el movimiento sindical ha estado desde sus orígenes dominado por la cultura de los trabajadores de la industria, en la que predominan los hombres – a excepción de la industria textil y de la confección. Este no era un entorno proclive hacia las mujeres. En varios países, las mujeres debieron crear sus propios sindicatos, porque no eran bien recibidas en los sindicatos existentes. El único sindicato de este tipo que permanece es el Sindicato Danés de Mujeres Trabajadoras (KAD), establecido a principios de siglo porque el Sindicato General de Trabajadores rechazó en su momento admitir a las mujeres como afiliadas. Dado el aumento de la presión ejercida por los movimientos de mujeres durante las últimas tres décadas y por el hecho de que las mujeres representan cada vez una porción mayor de la fuerza laboral, en muchos países los sindicatos han realizado esfuerzos para abrir las estructuras sindicales a las mujeres. Esto se ha traducido en la adopción de programas activos en el seno de las estructuras sindicales, incluir las demandas de las mujeres en las reivindicaciones para la negociación colectiva y cambiar la cultura existente, las costumbres y las prácticas de la organización, para hacerla más acogedora para las mujeres. Pese a los continuos y significativos, aunque lentos, avances, gran parte del movimiento sindical sigue dominado por los hombres y es legítimo que los movimientos femeninos les dirijan críticas. En los últimos diez años, más o menos, el crecimiento explosivo del sector informal ha puesto de manifiesto la necesidad sindical, no sólo de organizar a las trabajadoras con empleos estables sino también, a las que trabajan con contratos atípicos o temporales o que trabajan por su propia cuenta. El sector informal ha crecido por dos razones principales: la crisis económica mundial y los cambios en la organización del trabajo. La crisis de la deuda en los países en desarrollo [34], el desmantelamiento del sector público, la desregulación del mercado laboral, debidos a los programas de ajuste estructural de FMI y del Banco Mundial y la crisis que se inició en Asia en 1997, siguió en Rusia en 1998 y afectó a Brasil al principio de este año, han expulsado a millones del sector formal para incluirlos en el informal. Según un informe de la OIT[35], esta crisis ha destruido 24 millones de puestos de trabajo tan sólo en el Este de Asia, fundamentalmente en el “sector industrial moderno”. En Rusia y en la CEI, además de los millones de parados, hay millones de trabajadores en el sector formal que no reciben sus salarios durante meses. Por todo ello, en ausencia de cualquier tipo de redes de seguridad social reales, el sector informal es la única posibilidad de sobrevivir. El otro factor que ha influido en el crecimiento del sector informal en los últimos veinte años, más o menos, ha sido el cambio en las estructuras de las transnacionales. La empresa moderna es fundamentalmente un mecanismo para organizar la producción hecha para ella, por terceros. Su núcleo está compuesto por la dirección, los empleados de la central y posiblemente una fuerza laboral de técnicos altamente calificados. Este núcleo dirige la producción y las ventas, controla las subcontrataciones, decide a corto plazo qué se tiene que producir, cuándo, cómo y por quién y desde dónde se proveerán determinados mercados. La producción de las mercancías y, en cualquier caso, todos los procesos intensivos en mano de obra, serán subcontratados, también en el extranjero. Este tipo de empresa será la coordinadora de un sistema de subcontratación en cascada, que no formará parte de su estructura oficial, pero que dependerá completamente de ella, con un creciente deterioro de las condiciones salariales y laborales, conforme se desplazan del centro de operaciones hacia la periferia. El descenso de la densidad sindical en la mayoría de los países industrializados en los ochenta y noventa, se debe menos, a transferencias de los procesos productivos y reubicación de los mismos hacia el sur y el este, como se venía aceptando, que a la destrucción del sector formal y a la desregulación del mercado de trabajo, en las bases del sindicalismo industrial. Con un sector informal que representa a una gran mayoría de la fuerza laboral en los llamados países en desarrollo y a una parte importante y en aumento en los países industrializados, es imposible pensar en organizar a una mayoría de los trabajadores en el ámbito mundial, sin una seria labor de organización del sector informal. Los trabajadores del sector informal son, en su gran mayoría, mujeres. La mayoría de los trabajadores expulsados del sector formal por la crisis económica global, son mujeres. Como recoge la CIOSL en su informe[36], las mujeres son las principales víctimas de la precariedad laboral y de la pobreza creada por la crisis y por ello, se han incorporado masivamente al sector informal en los últimos dos años. Según un informe de las Friends of Women Foundation en Tailandia [37], los despidos en masa en 1998 se produjeron fundamentalmente en los sectores textil y de la electrónica, donde el 90% de los trabajadores son mujeres. En Moscú, dos tercios de los desempleados son mujeres. Ya antes de la crisis, el sector informal estaba compuesto mayoritariamente por mujeres (el trabajo infantil está muy presente). La inmensa mayoría de los trabajadores a domicilio, son mujeres y el trabajo a domicilio representa hasta un 40 o 50% del trabajo total en determinados sectores claves para la exportación en América Latina y Asia, como son confección, calzado, electrónica. Las mujeres también son mayoría de los vendedores callejeros en los mercados informales que, en algunos países africanos, representan hasta el 30% de la fuerza laboral urbana. También el 90% de los trabajadores de las, aproximadamente, 850 Zonas Francas en el mundo, son mujeres y en la mayoría de los casos, en estas zonas no hay, ni derechos laborales ni protección social. Lo que tienen en común las trabajadoras de las zonas francas, aunque trabajen en fábricas, y las del sector informal, es que en ambos casos, están desprotegidas, muy poco organizadas y son mujeres. En este contexto, los sindicatos se han asociado con ONGs femeninas, organizando acciones y formando alianzas para defender los intereses de los trabajadores del sector informal. En el ámbito de la Unión Europea, el Grupo Europeo del Trabajo a Domicilio es una coalición de sindicatos, ONGs, organizaciones religiosas e investigadores, involucrados en el trabajo a domicilio. El trabajo de este grupo fue uno de los factores con más influencia sobre los gobiernos de la mayoría de los estados Europeos, para que estos apoyasen la adopción de la Convención de la OIT sobre Trabajo a Domicilio que por fin, fue aprobada en 1996. En Gran Bretaña, existen varios proyectos locales importantes de ONGs o de los gobiernos. El National Group on Homeworking ha desarrollado una campaña para incluir a las trabajadoras a domicilio en el salario mínimo interprofesional y ha ejercido mucha influencia sobre la política gubernamental, la opinión pública y la política sindical, en el tema de las trabajadoras a domicilio. En las maquilas de las zonas francas de Centro América y de México, la organización de las mujeres trabajadoras ha sido, fundamentalmente, el resultado de la labor de ONGs femeninas, que siempre han apoyado la sindicación de las mujeres, algunas veces, como en México en contra de los sindicatos existentes[38]. En la República Dominicana, Fenatrazona, el sindicato de la zona franca, creó comités de vecinas, incluyendo afiliadas y no afiliadas, para incrementar la concienciación, darse mutuo apoyo y organizarse. En Guatemala, un sindicato trabajó con éxito con grupos de mujeres para presentar en el parlamento, una iniciativa legislativa sobre acoso sexual. En Perú, los sindicatos han trabajado con la ONG de mujeres socialistas, Flora Tristán, en el desarrollo de programas educativos y de organización para afiliadas. En Ghana, hubo una iniciativa conjunta Sindicatos/ONGs para la ley reguladora de la sucesión hereditaria, para proteger los derechos de las mujeres y garantizarles una parte de la herencia de su marido. Existen otros ejemplos de tal cooperación[39]. Los trabajadores del sector informal, especialmente las mujeres, también se han organizado en sindicatos, especialmente creados a este fin. Uno de los primeros casos, que sirvió de ejemplo a muchos, fue la “Self-Employed Women´s Association” (SEWA) en la India, que empezó hace 25 años con pocos cientos de miembros y que cuenta ahora con 210.000 miembros, en 4 estados federales de la India. SEWA agrupa trabajadores a domicilio, vendedores callejeros, recogedores de papel, recolectores de productos del bosque, etc. Ha creado una infraestructura paralela de prestación de servicios: un banco de micro créditos, programas a distintos niveles de formación y orientación profesional, cooperativas de productores (artesanos, agricultores) cooperativas de servicios (salud, vivienda). En Sudáfrica, un sindicato de autónomas, la “Self-Employed Women´s Union” (SEWU) se ha organizado según las mismas directrices, e intentos de establecer organizaciones similares, existen en otros países. Las organizaciones de trabajadores a domicilio y de vendedores ambulantes, han creado redes internacionales. Una de ellas, es la Alianza Internacional de Vendedores Callejeros, o Streetnet, que incluye organizaciones o grupos de apoyo de 11 países. Fue fundada en 1995, y adoptó el mismo año, la “Declaración de Bellagio” sobre los derechos de los vendedores ambulantes. La Segunda es HomeNet, una red de sindicatos, como SEWA, SEWU y el sindicato de bordadores de Madeira (SIBTTA), que representa a trabajadores a domicilio, hay también otras organizaciones de trabajadores a domicilio (de Bangladesh, Filipinas, Tailandia). Homenet y StreetNet, junto con SEWA, otros sindicatos y grupos de apoyo en las Universidades y en las organizaciones internacionales, han creado otra red internacional: WIEGO (“Women in Informal Employement Globalizing and Organizing”), que pretende trabajar a distintos niveles: investigación, elaboración de políticas, creación de coaliciones. Medio AmbienteEntre las preocupaciones socio culturales de los primeros movimientos sindicales, había un fuerte componente de rechazo contra la degradación de las condiciones de vida impuestas a los trabajadores urbanos, por la industrialización capitalista. Los barrios bajos, eran un criadero de enfermedades y de males sociales, y el movimiento obrero, desde su constitución, buscaba conscientisar sus afiliados de la necesidad de preservar su integridad moral y física por medio de su acción organizada. Los servicios de salud obreros, el urbanismo socialista con su énfasis por el acceso a la luz y al aire, ilustran la preocupación existente. Organizaciones como Amigos de la Naturaleza, se crearon para permitir a los trabajadores pasar su tiempo libre en un entorno natural y saludable. La Internacional de amigos de la naturaleza, fundada en Viena en 1895, donde todavía está la sede de su Secretaría, tiene 20 afiliados nacionales u organizaciones asociadas, con una afiliación total de 600.000, mayoritariamente en Europa, casi la mitad en Alemania y Austria, también en los EEUU (California), en México, Israel, Nepal y Australia. Uno de sus fines, es “proteger la naturaleza y el campo y contribuir a la protección de los lugares naturales de vida”[40]. Es una de las ONGs obreras que muestra nuevos síntomas de actividad. En Alemania, los amigos de la naturaleza se consideran, “puente entre sindicatos, organizaciones sociales y el movimiento ecologista” y tienen proyectos conjuntos de protección medioambiental, con sindicatos como la IG Medien y la IG Bau[41]. Tras la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción en la posguerra fue considerada como absoluta prioridad en Europa, y las actitudes productivistas prevalecieron sobre las preocupaciones medioambientales, también en el seno del movimiento socialdemócrata. Del otro lado de la cortina de hierro, el desarrollo industrial de la Unión Soviética y de los países de su esfera de influencia, así como China o Corea del Norte, fuera del control de la opinión pública e impulsados por una burocracia dirigente autocrática, dieron un ejemplo extremo de productivismo, de consecuencias catastróficas sobre el medio ambiente. Cuando el actual movimiento de protección medioambiental surgió en los 60’, sus relaciones con el movimiento obrero fueron ambivalentes. Los sindicatos tenían como prioridad la protección de los puestos de trabajo y, por lo tanto, los movimientos ecologistas eran considerados como una amenaza para el empleo. En algunos casos se produjeron conflictos entre sindicatos y organizaciones de conservación de la naturaleza, como en la industria forestal del Nordoeste de los EEUU o en la industria ballenera noruega, o en la tabaquera, donde los sindicatos apoyaron durante años a las empresas, en su oposición a las campañas anti-tabaco. En los últimos años, se ha hecho evidente, en el seno del movimiento sindical, la necesidad de un desarrollo sostenible a largo plazo, como también ha sucedido en el resto de la sociedad, y esto conlleva nuevas formas de cooperación entre sindicatos y ONGs ecologistas. Los sindicatos han tomado conciencia de la capacidad de las ONGs ecologistas, para sentar a las multinacionales en las mesas de negociación, mediante su poder de movilización de la opinión pública, y han comenzado a considerarlas como potenciales aliados. Hay varios ejemplos recientes de cooperación en el ámbito internacional entre SPIs y organizaciones ecologistas. En junio de 1999, la FITCM[42] y el World Wide Fund for Nature (WWF), llegaron a un acuerdo para cooperar en temas forestales, más concretamente en directrices para etiquetas verdes[43]. Ambas organizaciones acordaron que los aspectos ambientales y sociales de la silvicultura estaban, indisolublemente ligados y que la cooperación era necesaria para luchar contra la rápida deforestación y degradación forestal que se está produciendo en muchas partes del mundo. Las directrices para las eco-etiquetas (etiquetas verdes), que deberían definirse conjuntamente, tendrían que suponer como requisito previo, que todas las maderas y el resto de productos, procedan de explotaciones donde pueda certificarse que son bosques bien gestionados y que la gestión tiene en cuenta los aspectos ecológicos, económicos y sociales de la explotación. La certificación concedida al bosque debe ser fruto de un proceso independiente y trasparente en el que estén representados los intereses ecológicos, económicos y sociales, lo que contrasta con otras eco-etiquetas, en las que la voz cantante la tienen fundamentalmente los propietarios de los bosques. Otro ejemplo, la Federación Internacional de Transportes (ITF) y la FITIM apoyan la campaña de Greenpeace contra el desguace de barcos contaminados en Asia, en India en particular. Algunos barcos están contaminados con sustancias altamente tóxicas y peligrosas, entre otras metales pesados y amianto. Los dos SPIs, señalan que el desguace al aire libre, contamina el entorno y pone en peligro la salud de los trabajadores. Los barcos desguazados en Asia, deberían estar libres de sustancias tales como amianto, plomo, otros compuestos de metales pesados, restos de petroleo y bifenilos policlorados. Los dueños de los barcos deberían responsabilizarse de que los barcos no sean peligrosos, antes de proceder a desguazarlos. Tienen que existir garantías adecuadas para el medio ambiente y para los municipios colindantes. Los trabajadores que se ocupan de esta tarea deben disfrutar de mejores condiciones de salud y seguridad[44]. La UITA trabaja con la Pesticide Action Network (PAN) y sus organizaciones regionales, y con el “Grupo Interdisciplinar de Pesquisa e Ação em Agricultura e Saúde (GIPAS)” de Brasil en temas de plaguicidas. Como reacción frente a lo que está ocurriendo con los alimentos genéticamente modificados su organización regional Latinoamericana, inició en setiembre de 1998, un proyecto conjunto, llamado BioMater, en el que participan los sindicatos, organizaciones de agricultores y ONGs con el objetivo de preservar, producir y distribuir semillas. BioMater ha creado un banco para la producción de semillas orgánicas, que serán inscritas en un registro, en la mayoría de los países latinoamericanos[45]. La Federación Internacional de los Trabajadores de la química, energia y minas (ICEM) ha trabajado con Greenpeace, en un acuerdo sobre el cloro con la industria química. Greenpeace, y otras ONGs o grupos locales han apoyado la campaña de ICEM contra Río Tinto de Zinc (RTZ), una industria minera acusada de realizar su actividad en condiciones sociales y ambientales, inaceptables. En la Comisión de Desarrollo Sostenible[46], en Nueva York, la CIOSL, en colaboración con muchos SPIs (ICEM, ITF, UITA, ISP), la CSC de la OCDE y representantes sindicales de Bermudas, Brasil, Canadá, República Checa, Alemania, Ghana, Italia, Noruega, Suecia y EEUU, ha tenido un papel puntero, en asegurar que los puntos de vista sindicales fuesen reconocidos para la obtención de la certificación ecológica. La posición de los sindicatos fue apoyada por las ONGs que estaban presentes[47]. La cooperación entre organizaciones sindicales, en el ámbito nacional e internacional y ONGs ecologistas, se ha desarrollado en un amplio frente y es probable que siga creciendo. El que se desarrolle más rápidamente y más profundamente que la cooperación entre ONGs y organizaciones empresariales y con empresas determinadas, queda por ver. Responsabilidad EmpresarialLos efectos de la globalización han hecho con frecuencia difícil que los sindicatos consiguiesen sus objetivos, mediante los mecanismos tradicionales de acción sindical. En este contexto, la capacidad de movilización de la opinión pública ha demostrado ser, ahora más que nunca, un mecanismo muy eficaz para presionar a las empresas y las ONGs, más que los sindicatos, han demostrado su capacidad de influir sobre la opinión pública. Es por ello que tanto las empresas, como las propias ONGs, han sobrestimado el papel de las ONGs. Los apologistas de las organizaciones patronales, han hecho saltar la alarma y aconsejan frenar cualquier intento de reconocer a las ONGs como representantes de la sociedad civil[48]. Otros asesores en management aconsejan a los empresarios que defiendan la participación de las ONGs para cooptarlas luego: prevén una “dinámica de futuro”, en que, “las ONGs seguirán el siguiente proceso en el seguimiento de un tema: (1) una ONG activista, planteará un tema, como si fuese un problema; (2) las ONGs, generalmente en coalición, inician una campaña a la que la opinión pública responderá, ya sea con fuerza (Ej. la leche en polvo para los bebés) o bien débilmente (Ej.: Disney); (3) si hay suficiente respaldo popular, las instancias gubernamentales o intergubernamentales se verán implicadas y las ONGs participarán en la elaboración de nuevas leyes, normas reguladoras o códigos; (4) las ONGs asumirán activamente la labor de control del cumplimiento de las leyes, normas y códigos; (5) las ONGs se convierten en recursos para las corporaciones en la futura toma de decisiones”. [49] No existe mejor descripción del proceso que la del ex Ministro Holandés Jan Pronk de 1982: “La corrupción en las ONGs será el juego político en los próximos años”[50]. En este contexto, pueden parecer menos paradójicas las tensiones que han surgido entre sindicatos y ONGs, en aquellos temas en que la defensa de los derechos de los trabajadores estaba en juego. Esto ha sucedido especialmente en lo relativo a derechos de los trabajadores en determinadas transnacionales o sectores industriales. En ningún tema se ha hecho más patente que en el movimiento por los códigos de conducta, que muchas transnacionales se han apresurado a adoptar como escudo ante las presiones de la opinión pública (fundamentalmente, consumidores). Algunas ONGs han aceptado, que desarrollar y hacer el seguimiento de los códigos de conducta, constituye una defensa de los derechos de los trabajadores (por ejemplo en términos de salarios, condiciones de trabajo, salud y seguridad, etc.), incluso cuando no se establecen mecanismos para el reconocimiento y vigencia de los derechos sindicales. En estos casos, los sindicatos han visto a las ONGs como aliados de las empresas, en su intento por usar los códigos para evitar la sindicalización. En 1990, el 85 por ciento de las 100 empresas más importantes de los EEUU, tenían un código; en GB ascendían al 42 por ciento, en Holanda 22 por ciento[51]. Sin embargo, la mayoría de los códigos de conducta que se refieren a temas sociales tienen un ámbito de aplicación limitado y no recogen derechos laborales básicos. En 1998, la OIT estudió 215 códigos y descubrió que tan sólo el 15% incluía referencias positivas a los derechos sindicales (libertad de asociación y el derecho a la negociación colectiva), mientras que el 25% hacía referencia al trabajo forzoso, 40% a niveles salariales, 45% a trabajo infantil, 66% a la discriminación y 75% a temas de salud y seguridad [52]. En algunos casos las empresas adoptaban códigos como parte de una estrategia para obviar a los sindicatos anticipándose a ellos, preferían hacer ofertas unilaterales, de corte paternalista, que tener que reconocer a un interlocutor con el que negociar. Como señaló la CIOSL, “muchas de las compañías con sede en los EEUU que fueron las primeras en adoptar códigos de conducta, eran tanto en teoría como en la práctica, contrarias a los sindicatos” [53]. Por ejemplo, el código Caterpillar establece que la empresa pretende “llevar el negocio de tal manera que los empleados no sientan la necesidad de ser representados por sindicatos o por terceras personas” y el código Sara Lee Knit Products, establece que la empresa “debe producir en un ambiente sin sindicatos, salvo en aquellos lugares en que las leyes y la cultura lo exigirían”. En el código DuPont puede leerse: “hay que incentivar a los empleados, mediante la legítima expresión de la opinión de la dirección, para que continúen en la situación actual de no reconocimiento de los sindicatos pero, allí dónde los trabajadores hayan elegido ser representados por un sindicato, la dirección se relacionará de buena fe con el sindicato”.[54] Un segundo problema ha sido el control de cumplimiento de aquellos códigos. La mayoría de los códigos no establecen sistemas independientes de control ni mecanismos de queja. Los sindicatos insisten, en que la existencia de sindicatos independientes, en el ámbito de las operaciones de las multinacionales, es el mejor mecanismo de control [55]. Muchas compañías han ido más allá – incluso en gastos –, para recurrir a otros mecanismos de control (creando los suyos propios, contratando a auditorías empresariales o a complacientes ONGs), con resultados dudosos. La ausencia de solución a este problema, estaba en la base de la implosión de la White House Apparel Industry Partnership (AIP), en noviembre de 1998. La AIP fue creada por el Presidente de los EEUU en 1996, tras las vergonzosas revelaciones de que la ropa fabricada para la firma Kathie Lee Gifford, se producía en sweatshops (talleres clandestinos) de Nueva York y en América Central. Su función era elaborar un código de conducta que eliminase tales condiciones de trabajo ilegales. Las compañías que adoptasen el código, podrían etiquetar sus productos, certificando que se hacían en condiciones laborales humanas. Tras la paralización, durante meses, de los 18 miembros del equipo, procedentes de diferentes empresas, sindicatos y ONGs, nueve empresas y ONGs, empezaron a negociar y elaboraron un “acuerdo preliminar”, el 2 de noviembre de 1998 (en el que se proponía la creación de una nueva institución, la Fair Labor Association (FLA) con funciones de control) y lo presentaron a los demás miembros del equipo para que lo apoyasen. Cuatro empresas más lo firmaron, pero los sindicatos y una ONG (Interfaith Council for Corporate Responsibility- ICCR), lo rechazaron y abandonaron el equipo[56]. El sindicato de trabajadores del textil y de la confección (UNITE) declaró: “Este acuerdo… no supone ningún avance hacia un salario digno; no aborda el problema de la protección del derecho a organizarse en sindicatos, en países donde sistemáticamente se niega este derecho; permite que las empresas seleccionen los centros de trabajo que serán inspeccionados, por personal elegido y pagado por la empresa, y excluye, hasta un 95 por ciento de las instalaciones productivas de la empresa del ámbito de inspección; y establece múltiples barreras que impiden el acceso del público a la información. Esto son defectos muy importantes en un acuerdo, ya diluido por compromisos previos. También nos preocupa que este acuerdo, refuerce la tendencia a ver los códigos de conducta voluntarios de las empresas, como sustitutivos de la aplicación de las leyes existentes y que hagan innecesarios la adopción de nuevas leyes y de nuevos Convenios colectivos para proteger los derechos de los trabajadores en una economía global”[57] . Los portavoces de ICCR declararon que “principios claves como el pago de un salario digno a los trabajadores y mecanismos de control independientes no están suficientemente reflejados” y el acuerdo no “enumera lo que tienen que hacer las empresas, en países donde se niega el derecho internacionalmente reconocido a la libre asociación de trabajadores y a la negociación colectiva. Sindicatos independientes, controlados por los trabajadores, son un importante elemento en la lucha contra los sweatshops.”[58] Los acontecimientos posteriores, demostraron que los temores de los sindicatos y del ICCR, estaban ampliamente justificados. [59] Pero uno de los temas más importantes que subyacen en esta discusión es, si la mayoría de los códigos adoptados recientemente, no excluyen deliberadamente normas sobre derechos laborales para permitir a las empresas tener negocios en China: el mayor país del mundo en el que se niegan los derechos de los trabajadores internacionalmente reconocidos [60]. China tiene un atractivo irresistible para las multinacionales. Mientras que muchas empresas de bienes de consumo, abandonaron China tras la reacción de la opinión pública mundial contra la represión del movimiento democrático y sindical independiente, en junio de 1989, muchas permanecieron, otras retornaron y muchísimas invirtieron durante la siguiente década. Las organizaciones empresariales en general han sido complacientes, sino serviles, con el régimen[61] y los intentos de que las empresas incluyesen los derechos humanos en sus agendas, han permanecido sin respuesta [62]. En tal situación, códigos como el SA8000 son una escapatoria [63]. Las críticas lanzadas por Labour Rights in China (LARIC)[64], contra SA8000, son similares a las de los sindicatos y la ICCR contra el código AIP/FLA. Para LARIC, el SA8000 es “una vía de escape contra la responsabilidad empresarial”. LARIC denuncia la falta de formación de los controladores y que, en general, los sistemas de control son inadecuados. Señala que, el derecho de los trabajadores a protegerse ellos mismos, se les arrebata y se concede a los supervisores, que responden ante la propia empresa, esta tarea. SA8000 también desvirtúa la autoridad de los Estados para utilizar la vía legislativa para cambiar determinadas prácticas laborales, se produce una “privatización de los derechos laborales” y de la inspección del trabajo: “SA8000, al igual que otros códigos, puede ser un poderoso instrumento para desviar la atención de lo que evidentemente, es uno de los mecanismos más democráticos y eficaces de protección: un convenio colectivo directamente negociado”. [65] Antes, ya dijimos que debido a la enorme diversidad de ONGs existentes, generalizar sobre ellas es muy difícil. Las controversias sobre los códigos de conducta lo confirman: hay ONGs a favor y en contra. Desde el punto de vista sindical, los códigos no pueden sustituir a los acuerdos internacionales negociados entre sindicatos y empresas. Estos acuerdos (por ejemplo el de la UITA y Danone o Accor, los de la ICEM y Statoil, o el de FITCM e IKEA) son básicamente distintos de los códigos de conducta, aunque erróneamente se les mezcle, en parte de la literatura existente. Implican derechos y deberes recíprocos y fruto de la negociación, en este sentido, son convenios colectivos. Las ONGs, que apoyan a los sindicatos en esta labor de negociación de convenios colectivos internacionales, son aliadas del movimiento sindical internacional. Las ONGs, que apoyan el que las empresas eludan o eviten tales acuerdos mediante la adopción de códigos de conducta, son claramente aliados de la patronal. La cooperación entre Sindicatos y ONGs: Condiciones y posibilidades que ofrece. Los sindicatos y las ONGs tienen en común no sólo que ambos son parte de la sociedad civil, sino que también tienen programas específicos para mejorar la sociedad. Ambos pueden atribuirse legítimamente que sirven a los intereses de la sociedad en general. Por ello, no puede sorprender, que la cooperación entre el movimiento sindical y las ONGs se haya desarrollado en un amplio abanico de temas. Sin embargo, la cooperación entre sindicatos y ONGs, depende del tema en cuestión y de que existan objetivos compartidos y, también, de la situación de cada uno de ellos: la fuente de su legitimidad, si su actuar es transparente o no, ante quién responden, si funcionan democráticamente o no. Cuando surgieron dificultades, este último factor ha sido el problema de fondo. Por ello, también es necesario entender, en qué se diferencian ONGs y sindicatos. Todos los sindicatos tienen una composición claramente definida: sus afiliados ante quienes son responsables. Su dirección es regularmente elegida por órganos representativos, como el congreso. La dirección puede perder la próxima elección, y ser destituidas. Las finanzas son generalmente públicas y controladas por los afiliados del sindicato. Las consecuencias de la política sindical afectan inmediatamente a los afiliados, por ejemplo, bajo la forma de buenos o malos resultados de la negociación colectiva. En consecuencia, el control y la evaluación de los logros sindicales, se realiza constantemente: para empezar, en el propio centro de trabajo por sus miembros, y de manera más formal, en los órganos de dirección elegidos, que se reúnen frecuentemente. Los dirigentes sindicales tienen que mantener un constante debate con sus miembros, sobre cualquier política adoptada; tienen que definir objetivos a corto plazo y fines a largo plazo, de forma que sean comprensibles para sus afiliados y les garanticen su apoyo, comprobando constantemente, si las políticas que proponen reflejan de hecho las necesidades de los afiliados y los objetivos colectivos. Un sindicato tipo, es una organización democrática, en que los miembros se sienten parte de algo que es suyo [66]. Las ONGs, como los sindicatos, son organizaciones de afiliación voluntaria, pero no están sujetas a las mismas reglas. Algunas ONGs, son organizaciones de afiliados que se han dotado de estructuras democráticas. Este es el caso, en principio, de las ONGs vinculadas al movimiento obrero, pero hay más casos. No todas las ONGs tienen unas bases que se sientan parte de una organización que les pertenece. En muchos casos, las ONGs tiene una dirección au |