El
Global Labour Institute
Crisis y nuevas formas de sociabilidad en Argentina: entre revindicación y resistencia del movimiento piqueteroPor Lucía Rosales, Global Labour Institute (GLI) La emergencia de nuevas formas de sociabilidades[1] para reivindicar derechos fundamentales debe ser analizada teniendo en cuenta los cambios productivos y organizacionales[2] introducidos por la globalización económica y sus consecuencias en el contexto argentino. El hiperdesarrollo de las estructuras financieras y el protagonismo creciente del Fondo Monetario Internacional para contrarrestar la volatilidad del sistema, caracterizan un marco mundial llenó de incertidumbres (sobre todo tras los atentados del 11 de Septiembre 2001 y el fin del multilateralismo en las relaciones internacionales). Los últimos acontecimientos mundiales son muy importantes ya que pueden significar un retorno al intervencionismo norteamericano en los asuntos económicos y políticos de América Latina[3]. En este contexto, el Argentinazo (jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001) representa, junto con la elección de Lula en Brasil, una esperanza de cambio social capaz de refundar el espacio político y de reconstruir el sujeto colectivo latinoamericano. La transición hacia una democracia “gobernable” será larga y difícil: ante la situación de vacío de poder pueden resurgir viejos liderazgos autoritarios intentando la restauración conservadora. La sociedad argentina se encuentra en “movimiento”: las estadísticas nacionales indican un alto nivel de conflicto social y de manifestación de apoyo a distintos reclamos. Pero tampoco tenemos que engañarnos: la reivindicación de los derechos económicos, sociales y culturales que protagoniza la ciudadanía argentina, si bien instituye nuevas formas de sociabilidad, todavía no lograron constituirse como sujeto colectivo de cambio y articularse como estructuras representativas para brindar alternativas de gobierno. Más allá de ello, la movilización de los trabajadores desocupados es un fenómeno interesante: rinde cuenta del proceso de desalarización y de destructuración de la sociedad argentina como resultado de las sucesivas políticas neoliberales[4] que fueron implementadas en toda América Latina. En fin, el reclamo de la ciudadanía argentina se asemeja a un grito de desesperanza frente a un colectivo desunido, individualizado y con ansia de recomposición social. En ese sentido, merece consagrarle nuestra atención. El Movimiento Piquetero y la destructuración de la Argentina: Las luchas sociales y sindicales evolucionaron en la Argentina en los últimos años, a la resistencia sindical expresada a través de conflictos sectoriales y de paros generales convocados por las centrales sindicales, se sumaron nuevas expresiones de dicha confrontación y nuevos actores. El primer hecho relevante tuvo lugar en Santiago del Estero. En Noviembre de 1993, el Gobierno de esa Provincia, siguiendo las indicaciones del Gobierno Federal, emprendió el recorte de los empleos públicos y de los salarios públicos. El pueblo santiagueño se unió a los reclamos de los trabajadores ocupando las plazas, cortando las calles y quemando la Casa de Gobierno. El término piquete fue empleado por primera vez en el mes de Junio de 1996 durante los acontecimientos sucedidos en Cultra-Có[5]. Tras la privatización de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y los recortes en el gasto público de las provincias, el pueblo de Cultra-Có decidió cortar el puente que separa la provincia de Neuquén de la ciudad de Cipoletti[6] para mostrar la situación de pobreza en la cual se encontraban las familias de los trabajadores despedidos[7]. El éxito del piquete para obtener respuestas inmediatas extendió su uso en el conjunto del territorio nacional[8]: tras la represión del pueblo de Cultra-có y de Tartagal[9] entre Mayo y Junio del año 1997, el gobierno ofreció subsidios y programas de empleo para desmovilizarlos. La modalidad del piquete encuentra precedente en las tradicionales luchas obreras -los piquetes de huelga-[10] llevada a cabo por trabajadores sindicalizados y organizados en pos de garantizar la ejecución de una medida de fuerza. Hoy se ha convertido en un modo de protesta usado por los trabajadores desocupados, pauperizados y sin representación sindical que defienden sus puestos de trabajo o tratan de obtener una ayuda económica inmediata por parte del Estado[11]. El movimiento de trabajadores desocupados se caracteriza por la heterogeneidad en su composición y la preponderancia de la organización territorial. La participación en el espacio político de sectores anteriormente marginalizados se dinamizó con el frecuente uso del piquete. En un primer momento, los cortes de rutas eran manifestaciones aisladas y localizadas en algunas ciudades del interior del país, en particular aquellas que sufrieron las consecuencias del proceso privatizador (eliminación de ramales ferroviarios, yacimientos petrolíferos cuya explotación fue abandonada, etc.). A partir de 1997, varios grupos de piqueteros surgen en la zona sur del Gran Buenos Aires según la misma modalidad: cortar las rutas hasta obtener un subsidio del Estado Argentino (Planes “Trabajar”). Para entender la incidencia del fenómeno piquetero y algunos reclamos de la ciudadanía argentina, es necesario elaborar un marco explicativo del mismo. En primer lugar, estos nuevos sujetos sociales se encuentran excluidos de la estructura laboral, social, productiva y de la superestructura del Estado[12]. Por otra parte, el movimiento piquetero nace de la fractura y de la fragmentación de la Argentina: en ese sentido es más bien un síntoma de la anomia social que vive el país[13]. La larga agonía de la Argentina Peronista[14] El modelo nacional y popular desarrollado por Juan D. Perón en los años 40’ se caracterizaba por una estrategia orientada hacia el desarrollo del mercado interno, mediante una transferencia de ingresos y recursos del sector agroexportador hacia los sectores industriales en pos de su acrecentamiento. El pivote sobre el cual giraba la sociedad era la cultura del trabajo y la intervención del Estado en la relación laboral desarrolló un alto grado de formalidad. En función de la alianza de clases y sectores sociales que compartían el modelo, el peronismo se definía como un movimiento más que como un partido político[15]. Suscitaba en los trabajadores la adhesión y la posibilidad de acrecentar su rol no solo a través de las luchas reivindicativas sino también de ejercer un rol importante en torno al desarrollo del modelo de industrialización del país[16]. Los obreros eran social y políticamente activados a través de sus experiencias de lucha y asociación en los grandes centros industriales y las fábricas y por medio de un lenguaje político que los identificaba. La redistribución económica, financiada por la estrategia de desarrollo de la ISI (Industrialización por Substitución de las Importaciones) y las políticas de protección social configuraba los principales vectores de sociabilidad e institucionalizaban la modalidad relacional de los argentinos. La crisis del modelo de Bienestar y los cambios en la estructura productiva son consecuencias de la segunda ola de mundialización y la globalización económica. Se explican a través de la transición del “fordismo” al “toyotismo” en función de dos macroprocesos: 1. flexibilización y fragmentación de la producción y 2. minimización del rol del Estado. Las unidades productivas son aisladas y reducidas, pero también lo son políticamente y socialmente los trabajadores que ejecutan las tareas[17]. Para desmantelar el Estado Social edificado por el peronismo, los militares en su lucha contra la “subversión económica y política” (apoyados sin duda por un sector de la sociedad) pusieron en marcha las primeras medidas de desregulación de la economía, desindustrialización del país, desmantelamiento de las organizaciones sindicales y por ende el mecanismo de inserción de los trabajadores en el sistema político. La represión para imponer el nuevo orden social y político costó la vida a más de 30’000 militantes políticos, sindicalistas, estudiantes y trabajadores argentinos. El fracaso militar en la guerra de las Malvinas y la crisis de la deuda externa marcaron el fin de la junta militar y el comienzo hacia la transición democrática. Raúl Alfonsin, presidente de los argentinos, no logró desarrollar un consenso para la gobernabilidad en pos de frenar la crisis económica y la hiperinflación. Los poderes corporativos se enfrentaron radicalmente con su gobierno. Alfonsín puso énfasis en desarticular el poder de los sindicatos a través de la Ley Mucci, so pretexto de una supuesta democratización. En cuanto a los militares, Alfonsin realizó marchas y contramarchas, por un lado llevo adelante el juicio a las juntas militares y por otro no hizo más que perdonar los crímenes cometidos durante la dictadura a través de la Ley de Obediencia debida y del Punto Final. A pesar de todo ello, los sectores más conservadores y relacionados al poder financiero llevaron a cabo un golpe de mercado en su contra. Tras la renuncia anticipada de Raúl Alfonsin[18], el nuevo presidente de los argentinos, Carlos Saúl Menem, se propuso frenar la crisis económica siguiendo el programa de ajuste estructural preconizado por los organismos multilaterales de crédito. Las pautas desarrolladas en el consenso de Washington (liberalización de la economía, privatizaciones de las empresas públicas y desregulación del Estado) fueron implementadas capitalizando la legitimidad histórica del peronismo[19] (esta vez no por una dictadura militar). La Ley de convertibilidad económica[20] y la Ley de Emergencia Económica lograron controlar la inflación, pero significaron la destrucción de la industria nacional. Los decretos privatizadores y la Ley de Emergencia Administrativa redujeron el Estado a funciones mínimas, causaron el despido de muchos trabajadores argentinos que no pudieron reincorporarse en el mercado del trabajo[21]. En la Agenda Pública, los costos del trabajo se transformaron en un problema prioritario para el poder ejecutivo. Por medio de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU)[22] o por medio del voto parlamentario, se modificaron la Ley del Contrato del Trabajo (la LCT) y la Ley Nacional de Empleo (LNE). Estas leyes precarizaron las condiciones de trabajo de la Población Económicamente Activa (PEA) argentina, sin crear mayores puestos de trabajo. Durante el menemismo, se acentuó la fragmentación de la Confederación General del Trabajo (hasta entonces única y con corrientes en su seno que expresaban las diferentes tendencias imperantes en el movimiento obrero) y la emergencia del Congreso de Trabajadores Argentinos y posteriormente su conformación como central (CTA conducida por trabajadores del estado y docentes) trajo aparejadas consecuencias de esta descentralización importantes: los márgenes de acción y la capacidad para defender los trabajadores se fueron reduciendo. Las disputas por el monopolio de la representación sindical no hicieron más que aumentar la suspicacia de los trabajadores y la sociedad en general hacia los sindicalistas con acusaciones de «corruptos» y de «vendidos». Hasta hoy las conducciones sindicales no han articulado los intereses de los trabajadores confluyendo en una unidad en la acción, ni encontrado los mecanismos para su realización e incorporación de los trabajadores excluidos (lo que acentúa las características señaladas). Se acentúa la crisis. En Diciembre de 1999, Fernando de la Rua, candidato por la Alianza[23], es electo Presidente de la Nación, con la promesa de cambiar el estilo político y el proceso económico implementado durante el « menemismo ». El gobierno de la Alianza no buscó consensuar pautas para la gobernabilidad y para el respeto de los derechos fundamentales: ante la recesión económica, la alta tasa de desempleo y los indicadores de exclusión social, decidió seguir con el modelo económico desarrollado anteriormente. Los ajustes en el Gasto público se acentuaron así como la flexibilización y la precarización de las condiciones de trabajo[24]. Durante la presidencia de De la Rua, la deuda externa aumentó considerablemente sobre todo con el llamado “megacanje” de los títulos del Estado. Esta operación fue impulsada por Domingo Cavallo, Ministro de la Economía “comodín”[25], y por el FMI, cómplice en el proceso de desnacionalización de la economía y del proceso de pauperización de los argentinos. Se recortaron los salarios de los empleados públicos y de los jubilados y pensionados (13%). Se retuvieron los ahorros de los trabajadores mientras que los privilegiados por este modelo lograron retirar sus fondos antes del llamado “corralito”[26]. Los argentinos han perdido el alto grado de formalidad que caracterizaba la situación laboral y social, se encuentran hoy sin empleo o subempleados: la mayoría de los trabajadores no goza de un trabajo regular y de una red de seguridad social. Forman parte de lo que se entiende por “economía informal”. En 1973, la tasa de asalariados argentinos representaba el 76% de la Población Económicamente Activa (PEA). En el año 2001, los asalariados no eran más que 40% de la PEA y los desempleados el 23%. La desigualdad social aumentó considerablemente: los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres[27]. Cuando De la Rua asumió la presidencia de la Nación, la deuda externa era de 115 mil millones de dólares, hoy es de 225. Ante esta situación, los trabajadores desocupados de la provincia de Buenos Aires (el conurbano bonaerense que aglutina la mayor parte del “Gran Buenos Aires” fue la zona más castigada por el proceso de desindustrialización) empezaron a adoptar los cortes de ruta para hacerse escuchar. La gran expansión del movimiento piquetero se produce durante el gobierno de De la Rua. Para desestructurar el movimiento, el Presidente dispuso, mediante el Ministerio de Desarrollo Social a cargo de Graciela Fernández Mejide, una nueva manera de distribuir los planes trabajar que eran antes manejados por los municipios: las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) debían ocuparse de su distribución. El movimiento piquetero creó, entonces, sus propias ONG’s logrando, de esta manera, consolidar sus estructuras de poder. En la actualidad, las ONG’s de piqueteros ofician de coordinadoras de los pequeños grupos que surgen en los barrios más pobres del Gran Buenos Aires. Se convierten así en movimientos sociales organizados con mayor poder de presión, una administración económica propia y con una práctica sistemática de “piquetes” y cortes de ruta para mantenerla[28]. Los Piqueteros buscaron consensuar una federación de las organizaciones piqueteras con la convergencia de tres estructuras sindicales alternativas: la Federación Tierra y Vivienda (FTV) (afiliada a la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA)), la Corriente Clasista Combativa (CCC) y el Bloque Nacional Piquetero. Los piqueteros de la CTA representan un conjunto de agrupaciones nucleadas en la FTV que lidera Luis d’Elia. D’Elia es diputado provincial del Frente para el Cambio y fue antes concejal por el Frepaso en La Matanza. Formó parte de los primeros disidentes frepasistas durante el gobierno de la Alianza. Entre los piqueteros de la CTA, se encuentra también el Movimiento Barrios de Pie orientado por Patria Libre (un partido de izquierda )[29]. La CCC pertenece al Partido Comunista Revolucionario y es liderada por Juan Carlos Alderete. El Bloque Nacional Piquetero se compone del Polo Obrero, del Movimiento Independiente de Jubilados y Pensionados (MIJP), del Movimiento Territorial de Liberación (MTL) ligado al Partido Comunista, y del Movimiento de los Sin Trabajo « Teresa Vive » que depende del Movimiento Socialista de los Trabajadores. Tiene menos convocatoria pero agrupa los primeros fenómenos piqueteros y se caracteriza por su política confrontativa con el Poder Ejecutivo. También está la Coordinadora Aníbal Verón que llevaba a cabo acciones localizadas y autónomas. En el mes de Junio del 2002, este movimiento fue duramente reprimido en el corte del puente Saavedra (que limita la Capital Federal del Gran Buenos Aires). La sociedad argentina en ebullición en un primer momento miró con simpatía y gestos de apoyo a la estructura piquetera: se sucedieron varias manifestaciones en el conjunto del territorio en repudio a los asesinatos a sangre fría de dos militantes piqueteros por la policía de la provincia de Buenos Aires (Santillan y Kosteki, 26 de junio de 2002). El 24 de Julio 2001 se realizó la primera Asamblea Nacional piquetera, seguida por dos días de cortes de ruta en el conjunto del país. Las diferencias ideológicas y de estrategia impidieron coordinar más acciones simultáneas entre las diferentes organizaciones piqueteras[30]. En 2002, se contaron dos mil cortes de ruta (o sea, siete por día) en el conjunto del país. El Instituto Nueva Mayoría contó 2.154 piquetes y observó una mayor presencia del Movimiento Piquetero en la Capital Federal. Tan importante es el fenómeno de los Piqueteros que el mismo se convirtió en un tema de campaña: Menem advirtió que “con él, va a haber orden. No le van a cortar más la calle”[31]. Por su parte, López Murphy, el candidato de la derecha republicana, amenazaba con reprimir los piqueteros si era elegido Presidente de los argentinos. Para Kirchner, recientemente electo tras la renuncia de Carlos Menem de concurrir a una segunda vuelta electoral, con su gobierno “se terminan los piquetes y la corrupción social”[32]. En fin, los piqueteros forman parte de una nueva generación de trabajadores que no fueron socializados en el mundo del trabajo, su lógica de movilización política se encontraba marcada por estrategias más bien defensivas y sectoriales[33]. Estas fueron explotadas por algunos partidos políticos a través de los llamados “punteros” que buscaron ampliar sus bases clientelísticas por medio de la distribución de los subsidios. Tras la crisis política y social de la Argentina, los Movimientos Piqueteros intentan convertirse en actores sociales y políticos legítimos integrando reclamos dentro de la problemática nacional. Hoy, los trabajadores desocupados logran juntarse y organizarse atendiendo por medio de cooperativas las necesidades básicas del barrio y de la comunidad a los cuales pertenecen. La ciudadanía argentina observa los reclamos de los piqueteros y de los trabajadores desocupados expresando su apoyo a los mismos, sin embargo sus métodos no siempre contribuyen a ello, por lo que subyace una polémica en torno ello en el movimiento piquetero. El Sábado 19 de Abril de 2003 los piqueteros del MTD Aníbal Verón, el MTL, el FTC, el Teresa Rodríguez, el MST, el Polo Obrero, la CCC, jóvenes del Movimiento No Pasarán, partidos de Izquierda y miembros de las Asambleas Barriales se unieron a los reclamos de los trabajadores de la fábrica Brukman para impedir el desalojo de los 56 trabajadores que la ocupaban. Estos últimos manejan la fábrica desde hace casi un año y medio cuando el dueño, Jacobo Brukman, abandonó la propiedad y pidió convocatoria de acreedores sin preocuparse por los salarios atrasados de los obreros. Cuando la fábrica empezó a funcionar nuevamente gracia al esfuerzo conjunto de los trabajadores, el dueño apareció nuevamente para reclamar su propiedad[34]. La violenta represión y evacuación de la fábrica subraya el proceso de criminalización del conflicto social y de las nuevas modalidades de lucha popular que nacieron en una Argentina cambiada. En los 70’, el sujeto colectivo argentino y el mundo del trabajo se manifestaban y participaban en los asuntos públicos con la esperanza de cambio, fue así que la participación política fue masiva. Hoy pareciera que la desesperanza frente a la Argentina desunida e individualizada nos está juntando. Esto significa que la transición hacia una verdadera democracia será más larga, ya que necesitamos recomponernos socialmente y articular una nueva representación política y social para una nueva Argentina. Mi esperanza es que, como indica el título del reciente libro de Julio Godio, en la crisis está la solución[35] Bibliografía· Burdman, J., Origen y evolución de los piqueteros, 18 de Marzo 2002, en Nueva Mayoría, portal electrónico. · Godio, Julio, Argentina: en la crisis está la solución, Editorial Biblos, 2002 · González Bombal, Inés, De la expansión a la explosión: El trueque y las nuevas formas de sociabilidad en las clases medias en descenso en Argentina, en Problèmes d’Amérique Latine, Venezuela, 2002 · Hufty, M., Cavaliere, S., Les nouvelles formes de régulation et la citoyenneté documento del Instituto Universitario de Estudios de Desarrollo (IUED), 2003 · Montes Cató, J., de Pena, J., Crise de représentation et fragmentation sociale: Le cas des piquetes et des “coupeurs de route argentins”, en L’ordinaire Latinoaméricain, Avril-Juin 2002 · Olmedo, C., Murray, M., The Formalization of Informal/Precarious Labor in Contemporary Argentina, in international Sociology, SAGE, Septiembre 2002 · Prévot Schapira, M.F, Merklen, D., Sortir de la Crise ou la difficulté de constituer l’Argentine d’aujourd’hui en objet de recherche, en L’ordinaire Latinoaméricain, Avril-Juin 2002 · Svampa, M., Que reste-il- de la culture péroniste dans l’Argentine de la fin des années 1990, en Les Problèmes d’Amérique Latine, Octubre-dicembre 1999 MAPA POLITICO DE LOS PIQUETEROS[36]
[1] Nuevas formas de relaciones sociales y políticas como canales para hacer llegar demandas al sistema político [2] Los cambios en la organización del trabajo y la estructura productiva tras la crisis del modelo fordista [3] El filósofo Gianni Vattimo, entrevistado por el diario Clarín, dice al respecto : « Si no se consolida un polo occidental alternativo a los Estados Unidos, como puede ser una Europa unida, América Latina no tiene esperanzas de sobrevivir como continente independiente »( Clarín, 23 de marzo 2003). [4] supuestas políticas de austeridad [5] Provincia de Neuquén, Sur de la Argentina [6] Provincia de Rio Negro [7] Montes Cató, J., de Pena, J., Crise de représentation et fragmentation sociale: Le cas des piquetes et des “coupeurs de route argentins”, en Les Problèmes d’Amérique Latine, Venezuela, 2002, p.102 [8] En 1997, 140 piquetes fueron organizados, 51 en 1998, 252 en 1999 y 476 en el año 2000. De 1996 al año 2000, los principales piquetes tuvieron lugar en las localidades de Cultra-Có - Plaza Huincul (Neuquén), Tartagal-General-Mosconi (Salta), en la provincia de Corrientes y en varias localidades de la provincia de Buenos Aires(íbid cit.). [9] Provincia de Salta [10] op.cit. p.101 [11] Los famosos programas “trabajar” [12] La relación entre estructura y superestructura desarrollado por el marxismo sigue siendo el elemento analítico para entender las organizaciones sociales y económicas en el mundo. El trabajo y la inserción productiva de los trabajadores definen los sujetos y las relaciones sociales. Marc Hufty y Sandra Cavaliere escribieron lo siguiente: “el trabajo tiene una posición central en la constitución de la plena ciudadanía. La garantía de un conjunto de derechos y de deberes en cuanto a la reproducción de los individuos se constituyó sobre la base de la relación salarial. Esta dimensión de la ciudadanía se inserta en la idea del Estado providencia que otorga los derechos sociales como contrapartida de la subordinación de los trabajadores asalaridos al empleador. La imposibilidad de establecer una equivalencia monetaria entre subordinación y salario demanda la mediación del Estado regulador que funda así su legitimidad, absorbiendo las tensiones sociales. La desigualdad estructural del sistema y la asimetría fundamental entre derechos y deberes del uno y del otro es legitimada por la justicia social, una forma de cooperación que asegura el crecimiento y el bienestar colectivo “. Les nouvelles formes de régulation et la citoyenneté, Hufty, M., Cavaliere, S., documento del Instituto Universitario de Estudios de Desarrollo (IUED), 2003, p.2. [13] pero que comenzó el 24 de Marzo 1976, tras el último golpe militar [14] Halperin Donghi, Tulio, La Larga agonia de la Argentina peronista, en Sortir de la Crise ou la difficulté de constituer l’Argentine d’aujourd’hui en objet de recherche, Prévot Schapira, M.F, Merklen, D., Les Problèmes d’Amérique Latine, Venezuela, 2002, p.4 [15] Esta concepción de la sociedad y de la política marcaron el clivage peronista y antiperonista en el sistema de partido argentino [16] Svampa, M., en Les Problèmes d’Amérique Latine, 1999, p.26 [17] En la Métamorphose de la question sociale, Robert Castel distingue el individualismo positivo del individualismo negativo: el primero hace referencia a la libertad y la autonomía individual tras la evolución de los países industrializados, mientras el segundo se caracteriza como una situación de vulnerabilidad y es el resultado de la desregulación y del debilitamiento del Estado. El ciudadano es más bien un individuo que solo puede contar con sí mismo : recurre a otras organizaciones sociales y económicas como las actividades informales (como estrategia de subsistencia) y como el sistema de trueque para atender a las demandas no solventables. [18] Raúl Alfonsin, líder de la Unión Cívica Radical, fue electo democráticamente tras la última dictadura militar. El proceso de transición democrática fue díficil : Raúl Alfonsin renunció antes de terminar su mandato al no poder controlar los problemas económicos (la hiperinflación, los golpes de mercado y los poderes corporativos). [19] cooptó las organizaciones sindicales y desmanteló el poder militar [20] Según Olmedo y Murray, la convertibilidad fue más un instrumento para cambiar las relaciones sociopolíticas que una estrategia anti-inflacionaria (Olmedo, C., Murray, M., in international Sociology, 2002, p.426). En todo caso, la rigidez de la convertibilidad fue contrarrestada por la flexibilización de las relaciones laborales. [21] Con los decretos 620/90, 1757/90 y 1930/90 se privatizaron numerosas empresas públicas. [22] Los decretos fueron usados como instrumentos por parte del Poder Ejecutivo para imponer políticas públicas aún cuando el Congreso rechazaba un proyecto de ley o cuando no lograba juntar mayorías en las Cámaras. [23] La coalición entre la« Unión Cívica Radical » y el « FrePaso » (Frente para un país solidario) [24] La ley 25.013 permitió extender el período de prueba de los trabajadores y la descentralización de la negociación colectiva. Se buscó, por otra parte, formular un proyecto de ley para desregular las obras sociales sindicales y terminar de desarticular completamente las asociaciones gremiales [25] Ocupó varios ministerios y cargos políticos desde la dictadura. Contaba con el apoyo de los sectores financieros y conservadores hasta el colapso del mes de Diciembre del 2001 [26] una medida para retener los capitales y los ahorros de la gente en los bancos [27] Hoy, más de la mitad de los argentinos se encuentran en situación de pobreza. A principio de los 90’ esa tasa no representaba más de un 20%. [28] Burdman, J., Origen y evolución de los piqueteros, 18 de Marzo 2002, en Nueva Mayoría. [29] Íbid Cit. [30] El Movimiento Teresa Rodriguez (MTR) ocupó el Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires y un Banco de la provincia. Tras ello, las declaraciones de Luis d’Elia condenando la protesta alejó numerosas organizaciones piqueteras de la Federación. [31] Clarín,, Jueves 17 de Abril de 2003 [32] íbid Cit. [33]Estas características se encuentran también en el fenómeno de las asambleas barriales que se constituyeron tras los « cacerolazos » del mes de Diciembre del 2001. En la actualidad, más de 250 asambleas populares se reúnen para discutir problemáticas y proponer alternativas para un país diferente. [34] Sobre este tema, mencionamos los datos siguientes: en la empresa Zanon, una fábrica de Cerámica de la Provincia de Neuquén, los trabajadores lograron reactivar la producción y las ventas tras el abandono de la misma por la clase patronal hace más de un año. Los propietarios buscan ahora recuperar la fábrica, enfrentándose por medio de la Justicia con los trabajadores y con el apoyo de la gente hacia estos últimos. Por otra parte, en la ciudad de Rosario, por tercera vez, se desarrolló una jornada de encuentro de empresas recuperadas en el ex supermercado Tigre rebautizado “Supermercado Comunitario”. El movimiento cuenta hoy con 12 000 obreros que autogestionan 140 empresas tras el abandono patronal (Le Courrier, Martes 15 de Abril 2003). [35] Godio, Julio, Argentina: en la crisis está la solución, Editorial Biblos, 2002 [36] Fuente: Burdman, J., Origen y Evolución de los piqueteros, Nueva Mayoría, |